‎- Es la hora. Ya no hay vuelta atrás. Los juegos van a comenzar. Los tributos deben salir a la Arena y luchar por sobrevivir. Ganar significa Fama y riqueza, perder significa la muerte segura...

¡Que empiecen los Septuagésimo Cuartos Juegos del Hambre!

Fragmento de Sinsajo


Hay un lecho de hierba, una almohada verde suave;
Recuesta tu cabeza y cierra tus adormilados ojos
Y cuando los abras de nuevo, el sol estará en el cielo.
Aquí es seguro, aquí es cálido
Aquí las margaritas te protegen de cualquier daño
Aquí tus sueños son dulces y mañana se harán realidad
Y mi amor por ti aquí perdurará.

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sábado, 20 de agosto de 2011

Sinsajo/Capitulo 19



PARTE III “LA ASESINA


CAPITULO 19



Yo realmente nunca había visto antes a Boggs enojado. No cuando había desobedecido sus órdenes o vomitado encima de él, ni siquiera cuando Gale quebró su nariz. Pero él está enojado cuando regresa de su llamada telefónica con la presidenta. La primera cosa que él hace es instruir al Soldado Jackson, su segundo al comando, para establecer una guardia de dos personas de veinticuatro horas en Peeta. Entonces me lleva a dar una caminata, tejiendo a través del extenso campamento de carpas hasta que nuestro equipo ha sido dejado atrás.

“De todas formas, él volverá a tratar de matarme,” digo yo. “Especialmente aquí. Donde hay tantos malos recuerdos para sobresaltarlo.”

“Lo mantendré contenido, Katniss,” dice Boggs.

“¿Y ahora porque me quiere muerta Coin?” Yo pregunto.

“Ella niega que lo hace,” él responde.

“Pero nosotros sabemos que es verdad,” digo yo. “Y tu por lo menos debes tener una teoría.”

Boggs me da una larga dura mirada antes de contestar. “Esto es lo que yo sé. No le agradas a la presidenta. Nunca lo has hecho. Era a Peeta a quien ella queria rescatar de la arena, pero nadie más estuvo de acuerdo con eso. Eso empeoro aun más cuando tu la forsaste a darle inmunidad a los otros vencedores. Pero hasta eso puede pasarse por alto ante lo bien que te has desempeñado. ”

“Entonces ¿Qué es?”

“En algún momento del futuro cercano, esta guerra terminara. Un nuevo líder será elegido,” Dice Boggs.

Yo ruedo mis ojos. “Boggs, nadie piensa que yo vaya a ser el líder.”

“No. No lo hacen,” él está de acuerdo. “Pero tu apoyaras al alguien. ¿Sera a la Presidenta Coin? ¿O a otra persona?”

“No lo se. Nunca he pensado sobre eso,” digo yo.

“Si tu respuesta inmediata no es Coin, entonces eres una amenaza. Eres el rostro de la rebelión. Podrías tener mayor influencia que ninguna otra persona,” dice Boogs. “Aparentemente, lo más que tú has llegado a hacer es tolerarla a ella.”

“Entonces ella me matara para callarme.” En el mismo momento que pronuncio las palabras, sé que son verdad.

“Ella ya no te necesita como un punto de reunión. Como ella misma lo dijo, tu objetivo principal, como la unión de los distritos, se ha logrado,” Boggs me recuerda. “Estos propos actuales podrían hacerse sin ti. Hay una sola cosa que tú puedes hacer para dar más fuego a la rebelión.”

“Morir,” yo digo en voz baja.

“Sí. Darnos un mártir por el cual luchar,” dice Boogs. “Pero eso no va a pasar bajo mi guardia, Soldado Everdeen. Planeo para usted una larga vida.”

“¿Por qué?” esa clase de mentalidad solamente va a traerle problemas. “No me debes nada.”

“Porque te lo has ganado,” él dice. “Ahora vuelva con su equipo.”

Sé que debería sentirme agradecida porque Boogs este arriesgando su cuello por mí, pero realmente solo estoy frustrada. Quiero decir, ¿Ahora cómo puedo robar su Holo y desertar? Traicionarlo era lo suficientemente complicado sin su nueva capa de deber. Ya estoy en deuda con él por salvarme la vida.

Ver a la causa de mi drama actual clavando calmadamente su tienda de campar en nuestro sitio me pone furiosa. “¿A que hora es mi guardia?” pregunto a Jackson.

Ella me entrecierra los ojos dudando, o tal vez solo está tratando de enfocar mi rostro. “No te puse en la rotación.”

“¿Por qué no?” Yo pregunto.

“No estoy segura de que tu realmente puedas dispararle a Peeta, si llega a ser necesario,” ella dice.

Yo alzo la voz para que todo el equipo pueda escucharme claramente. “No estaría disparándole a Peeta. Él se ha ido. Johanna tiene razón. Sería solo como estar disparándole a otro de los chuchos del Capitolio.” Se siente bien decir algo horrible sobre él, en voz alta, en público, después de toda la humillación que he sentido desde su regreso.

“Pues, ese tipo de comentario tampoco te está recomendando,” dice Jackson.

“Ponla en la rotación,” escucho a Boggs decir detrás de mí.

Jackson niega con la cabeza y hace una nota. “De la medianoche hasta las cuatro. Estas conmigo.”

Los sonidos de la cena, y Gale y yo estamos alineados en la cantina. “¿Quieres que yo lo mate?” pregunta sin rodeos.

“Eso seguro que nos enviaría a los dos de vuelta,” digo. Pero aunque estoy furiosa, la brutalidad de la oferta me desconcierta, “Yo puedo lidiar con él.”

“¿Quieres decir hasta que te largues? ¿Tú y tu mapa de papel y posiblemente un Holo si logras poner tus manos en el?”

Así que Gale no se ha perdido mis preparaciones. Espero que no hayan sido tan obvias para los otros. Aunque ninguno de ellos conoce mi mente tanto como él. “¿No estas planeando dejarme atrás, verdad?” él pregunta.

Hasta este punto, lo estaba haciendo. Pero tener a mi compañero de caza cuidándome la espalda no suena como una mala idea.

“Como tu compañero soldado, tengo que recomendarte fuertemente que te quedes con tu escuadrón. Pero no puedo impedirte venir, ¿o sí?”

Él sonríe. “No. Amenos que quieras que de alerta al resto de la armada”.

El escuadrón 451 y el equipo de televisión toman la cena de la cantina y se reúnen en un tenso círculo a comer. Al principio creo que Peeta es la causa de la inquietud, pero por el final de la cena, me doy cuenta que más de una mirada antipática ha sido dirigida hacia mí. Este es un giro rápido, ya que estoy bastante segura de que cuando Peeta apareció el equipo completo estaba preocupado por lo peligroso que él podría ser. Pero no es hasta que recibo una llamada de Haymitch que logro entenderlo.

“¿Que estas tratando de hacer? ¿Provocarlo para que ataque?” él me pregunta.

“Claro que no. Solo quiero que él me deje en paz,” digo yo.

“Bueno, pues él no puede hacerlo. No despues de lo que el Capitolio le ha hecho pasar.” Dice Haymitch. “Mira, Coin pudo haberlo enviado allí esperando que te matara, pero Peeta no sabe eso. Él no entiendo lo que le esta sucediendo. Asi que no puedes culparlo—”

“¡No lo hago!” digo yo.

“¡Lo haces! Lo estás presionando una y otra vez por cosas que están fuera de su control. Ahora, no estoy diciendo que no deberías tener un arma cargada a tu lado las veinticuatro horas. Pero creo que es hora de que voltees este pequeño escenario alrededor de tu cabeza. ¿Si tu hubieras sido tomada por el Capitolio, y te hubieran hijacked, y entonces hubieras tratado de matar a Peeta, seria esta la forma en que él te estaría tratando?” demanda Haymitch.

Me quedo callada. No lo es. No es para nada la forma en que él me estaría tratando. Él estaría tratando de traerme de vuelta a cualquier costo. No disparándome, abandonándome, recibiéndome con hostilidad a cada rato.

“Tú y yo, hicimos un acuerdo de tratar de salvarlo. ¿Recuerdas?” Dice Haymitch. Cuando no responde, él se desconecta después de un comentario cortante “Trata y recuerda.”

El día otoñal pasa de fresco a frio. La mayor parte del equipo acurrucada en sus bolsas de dormir. Algunos duermen bajo el cielo abierto, cerca del calentador en el centro del campamento, mientras que otros de retiran a sus tiendas de campaña. Leeg 1 finalmente se ha descompuesto por la muerte de su hermana, y sus silenciosos sollozos nos llegan a través de las tiendas de campaña. Yo me acurruco en mi carpa, pensando en las palabras de Haymitch. Dándome cuenta con vergüenza que mi obsesión de asesinar a Snow me ha permitido ignorar un problema mucho más complicado. Tratar de rescatar a Peeta del mundo de sombras donde el hijacking le ha dejado. No sé cómo encontrarlo, mucho menos guiarlo para sacarlo de allí. Ni siquiera puedo concebir un plan. Hace que la tarea de cruzar una cargada arena, localizar a Snow, y poner una bala en su cabeza luzca como el juego de un niño.

A media noche, me escurro de mi tienda de campaña y me posiciono en un taburete plegable cerca del calentador para tomar mi guardia con Jackson. Boggs le dijo a Peeta que durmiera afuera a plena vista donde el resto de nosotros pudiera mantenerle un ojo encima. Aunque él no está durmiendo. En lugar de eso, está sentado con su morral levantado contra su pecho, tratando torpemente de hacer nudos en una soga de poca longitud. La conozco bien. Es la que Finnick me presto esa noche en el búnker. Verla en sus manos, es como si Finnick le hiciera eco a lo que Haymitch acababa de decir, que yo me había librado de Peeta. Ahora podría ser un buen momento para tratar de enmendar eso. Si pudiera pensar en algo que decir. Pero no puedo hacerlo. Así que no lo hago. Solo dejo que los sonidos de la respiración de los soldados llenen la noche.

Después de casi una hora, Peeta habla en voz alta. “Este último par de años debieron haber sido agotadores para ti. Tratando de decidir si matarme o no. Una y otra vez. Una y otra vez.”

Eso parece terriblemente injusto, y mi primer impulso es decir algo cortante. Pero revivo mi conversación con Haymitch y trato de tomar el primer paso indeciso en dirección de Peeta. “Nunca quise matarte. Excepto cuando pensé que estabas ayudando a los Profesionales a matarme. Después de eso, siempre pensé sobre ti como… un aliado.” Esa es una buena palabra segura. Carente de alguna obligación emocional, pero no amenazante.

“Aliado.” Peeta dice la palabra segura lentamente, probándola. “Amiga. Amante. Vencerdora. Enemiga. Prometida. Objetivo. Chucho. Vecina. Cazadora. Tributo. Aliado. La voy a añadir a la lista de palabras que uso para tratar de entenderte.” El entreteje y suelta la soga de sus dedos una y otra vez. “El problema es que yo ya no puedo diferenciar que es real y que es inventado.”

El cese de la respiración rítmica sugiere que las personas se han despertado o que nunca han estado realmente dormidas. Sospecho por la última.

La voz de Finnick se alza desde un bulto entre las sombras. “Entonces deberías preguntar, Peeta. Eso es lo que Annie hace.”

“¿Preguntar a quien?” Dice Peeta. “¿En quien puedo confiar?”

“Pues, en nosotros para comenzar. Somos tu escuadron,” dice Jackson.

“Son mis guardias,” el señala.

“Eso, también es cierto,” dice ella. “Pero tu has salvado muchas vidas en el Trece. Esa no es la clase de cosas que nosotros olvidamos.”

En el silencio que sigue, trato de imaginarme no ser capaz de diferenciar la illusion de la realidad. No saber si Prim o mi madre me aman. Si Snow era el enemigo. Si la persona al otro lado del calentador me salvo o me sacrifico. Con muy poco esfuerzo, mi vida rápidamente cambia volviéndose una pesadilla. De repente, quiero decirle a Peeta todo sobre la persona que él es, y quien soy yo, y como terminamos aquí. Pero no sé como comenzar. Inutil. Soy inutil.

Unos pocos minutos antes de las cuatro, Peeta se vuelve a girar en mi direccion. “¿Tu color favorito… es el verde?”

“Eso es cierto.” Entonces pienso en algo que añadir. “Y el tuyo es el naranjado.”

“¿Naranjado?” Parece poco convencido.

“No naranjado brillante. Sino suave. Como el atardecer,” digo yo. “Al menos, eso fue lo que me dijiste una vez.”


“Oh.” Él cierra sus ojos brevemente, tal vez tratando de conjurar el atardecer, entonces asiente con la cabeza. “Gracias.”

Pero mas palabras salen en desorden. “Eres un pintor. Eres un panadero. Te gusta dormir con las ventanas abiertas. Nunca tomas azucar en tu té. Y siempre le haces doble nudo a los cordones de tus zapatos.”

Entonces me meto en mi tienda antes de que haga algo estúpido como llorar.


En la mañana, Gale, Finnick, y yo vamos a dispararle a unos cristales de los edificios para el equipo de camara. Cuando regresamos al campamento, Peeta esta sentado en un circulo con los soldados del 13, los cuales están armados pero hablan abiertamente con él. Jackson a inventado un juego llamado “Real o No Real” para ayudar a Peeta. Él menciona algo que cree que paso, y ellos le dicen si es verdad o imaginación, usualmente sigue una breve explicación.

“La mayoría de la gente del Doce fue asesinada en el incendio.”

“Real. Menos de novecientos de ustedes lograron llegar al Trece con vida.”

“El incendio fue mi culpa.”

“No real. El Presidente Snow destruyo el Doce de la misma manera que hizo con el Trece, para mandar un mensaje a los rebeldes.”

Esto parece ser una buena idea hasta que me doy cuenta que yo seré la única persona que puede confirmar o negar la mayoría de las cosas que pesan sobre él. Jackson nos divide en guardias. Ella nos empareja a Finnick. Gale y a mí con un soldado del 13. De esta manera Peeta siempre tendrá acceso a alguien que lo conoce más personalmente. No es una conversación constante. Peeta pasa largo tiempo considerando incluso pequeños pedazos de información, como el lugar donde la gente compraba su sopa alla en casa. Gale le da un montón de información sobre el 12; Finnick es un experto en los dos Juegos de Peeta, por lo que fue un mentor en el primero y un tributo en el segundo. Pero como la más grande confusión de Peeta se centra en lo que corresponde a mí—y no todo puede ser explicado tan fácilmente—nuestros intercambios son dolorosos y cargados, incluso aunque solo tocamos los detalles más superficiales. El color de mí vestido en el 7. Mi preferencia por los bollos de queso. El nombre de nuestro profesor de matemáticas cuando éramos pequeños. Reconstruir sus recuerdos míos es espantoso. Tal vez no sea siquiera posible después de lo que Snow le hizo. Pero se siente bien ayudarlo a intentarlo.

A la tarde siguiente, somos notificados de que el escuadrón completo es requerido para montar una muy complicada propo. Peeta ha tenido razón respecto a una cosa: Coin y Plutarch no están contestos con la calidad del material que están recibiendo del Escuadrón Estrella. Muy aburrido. Muy poco inspirador. La respuesta obvia es que ellos nunca nos han dejado hacer algo mas que jugar con nuestras armas. De cualquier forma, esto no se trata de defendernos a nosotros mismos, es sobre salir con un producto que se pueda usar. Asi que el día de hoy, una cuadra especial ha sido dispuesta para la filmación. Incluso tiene un par de pods activos en ella. Uno de ellos da rienda suelta a un atomizador de disparos. El otro atrapa los invasores para interrogación o ejecución, dependiendo de la presencia de los captores. Pero sigue siendo una manzana residencial de poca importancia con ninguna consecuencia estratégica.

El equipo de televisión trata de provocar una exaltada sensación de peligro al liberar bombas de humo y añadir efectos de sonidos de disparos. Nos vestimos con equipos altamente protectores, incluso el equipo de televisión, como si estuviéramos llegando al corazón de una batalla. A aquellos de nosotros que tienen armas especializadas se les es permitido tomarlas junto con nuestras pistolas. Boggs también le devuelve a Petta su pistola, aunque se asegura de decirle en voz alta que no está cargada.

Peeta solo se encoje de hombros. “De todas formas, no soy tan buen tirador,” Él parece preocupado observando a Pollux, hasta el punto que se está volviendo un poco preocupante, cuando al fin logra resolverlo y empieza a hablar agitado. “Eres un Avox, ¿Cierto? Puedo decirlo por la forma que tragas. Había dos Avox conmigo en prisión. Darius y Lavinia, pero los guardias los solían llamar los pelirojos. Ellos habían sido nuestros sirvientes en el Centro de Entrenamiento, así que también los arrestaron. Vi como los torturaban hasta la muerte. Ella fue afortunada. Usaron demasiado voltaje y su corazón se detuvo de inmediato. Tomo días terminar con él. Golpeándolo, desmembrándolo. Seguían haciéndole preguntas, pero él no podía hablar, solo hacia estos horribles sonidos de animal. Ellos no querían información, ¿sabes? Querían que yo lo viera.”

Peeta mira alrededor, a nuestros rostros aturdidos, como esperando por una respuesta. Cuando nadie le da una explicación, él pregunta, “¿Real o no real?” La ausencia de una respuesta lo altera aún más. “¡¿Real o no real?!” él demanda.

“Real,” dice Boggs. “Al menos, de acuerdo con lo que yo sé… real.”

Peeta decae. “Eso pensaba. No había nada… reluciente sobre eso.” El deambula lejos del grupo, murmurando algo sobre dedos de las manos y los pies.

Yo me muevo hacia Gale, presiono mi frente en el chaleco antibalas que esta donde su pecho debería de estar, siento su brazo estrecharse a mi alrededor. Finalmente sabemos el nombre de la chica que vimos al Capitolio raptar de los bosques del 12, el destino del amigo Agente de Paz que intento mantener a Gale con vida. Este no es momento para traer recuerdos alegres. Ellos habían perdido sus vidas por mi culpa. Los añadí a mi lista personal de muertes que empezaron en la arena y que ahora incluía a miles de personas. Cuando levante la mirada, vi que Gale lo había tomado de una forma diferente. Su expresión decía que no había suficientes montañas para aplastar, suficientes ciudades para destruir. Prometía muerte.

Con el espeluznate relato de Peeta aún fresco en nuestras mentes, crujimos a través de las calles de cristales rotos hasta que llegamos a nuestro objetivo, la cuadra que vamos a tomar. Es un verdadero, pequeño, objetivo por lograr. Nos congregamos alrededor de Boggs para examinar la proyección del Holo de la calle. El pod de disparos está posicionado como a un tercio de distancia calle abajo, justo sobre la marquesina de un apartamento. Deberiamos ser capaces de activarlo con balas. La red de pods esta al final, casi en la otra esquina. Esto requerirá que alguien active el mecanismo de sensor de cuerpos. Todo el mundo se ofrece excepto por Peeta, que no parece saber qué es lo que está sucediendo. Yo no consigo ser elegida. Consigo ser enviada a Mesella, la cual aplica algo de maquillaje en mi rostro para los previstos acercamientos de cámara.

El escuadrón se posiciona bajo las direcciones de Boggs, y luego también tenemos que esperar a que Cressida posicione a los camarógrafos. Ellos dos están a nuestra izquierda, con Castor en el frente y Pollux trayendo la parte posterior para que ellos puedan estar seguros de no grabarse uno al otro. Mesalla suelta un par de cargas de humo para crear la atmosfera. Ya que esto es tanto una misión como una grabación, estoy a punto de preguntar quién está a cargo, mi comandante o mi director, cuando Cressida dice, “¡Acción!”

Nosotros procedemos lentamente por la nebulosa calle, justo como uno de nuestros ejercicios en el Bloque. Cada uno tiene por lo menos una sección de ventanas por volar, pero a Gale se le es asignado el verdadero objetivo. Cuando él golpea el pod, nosotros nos refugiamos—zambulléndonos por las puertas o arrastrándonos dentro de la bonita luz naranjada y la piedra rosada del pavimento—cuando una lluvia de balas vuela una y otra vez sobre nuestras cabezas. Después de un rato, Boggs nos ordena continuar.

Cressida nos detiene antes de que nos podamos levantar, ya que necesita unas tomas de primer plano. Tomamos turnos recreando nuestras reacciones. Cayéndonos al suelo, haciendo muecas, tirándonos a los huecos. Especialmente cuando resulta ser que no soy el peor actor en el escuadrón. No por mucho. Todos nos reímos tan fuerte ante el intento de Mitchell por proyectar su idea de desesperación, la cual involucra un chirrido de dientes y ampliar sus fosas nasales, que Boggs tiene que regañarnos.

“Cálmense, Cuatro-Cinco-Uno,” dice firmemente. Pero se le puede ver reprimiendo una sonrisa mientras vuelve a chequear el siguiente pod. Posicionando el Holo para encontrar la mejor luz en el aire nublado. Aun nos da la cara a nosotros cuando da pasos a la izquierda volviendo al pavimento de piedra naranjada. Activando la bomba que vuela sus piernas.

6 comentarios:

solsitoooo dijo...

NOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!

Anónimo dijo...

Siiiio

Anónimo dijo...

noooooooooooooooooooooooooo¡¡¡¡¡

Anónimo dijo...

Pero que.... Noo!!!!!!!!!!!!

Anónimo dijo...

siiiiiiii!!!!!!!

Anónimo dijo...

WTF!!!!!

Peeta-katniss-Gale

Peeta-katniss-Gale